La toma de decisiones y la marca personal

Gestionar tu marca personal es tomar decisiones que te representen, te diferencien, te posicionen y te lleven a tu objetivo. Y cuando digo decisiones incluyo todas, desde la más sencilla a la más dura, desde la más grande a la más pequeña, porque los detalles marcan la diferencia.

Hay tres decisiones que especialmente son complicadas de tomar:

  • Deseo vs Necesidad – Quiero es pasar tiempo con mi gente, pero lo que necesito es entrenar para estar a pleno rendimiento. Aquí la idea es identificar qué es deseo y qué necesidad, y permitirse encontrar el equilibrio disfrutando de deseos no perjudiciales que te aporten felicidad, alegría, motivación…

  • Corto vs Largo Plazo – Puedo entrenar a tope para la próxima prueba, o planear la temporada para llegar en las mejores condiciones a la competición principal del año. Esto es cuestión de gestionar miedos, valorar importancias, confiar y apostar, sabiendo que no siempre tiene porqué salir como esperamos o nos gustaría. ¿Conoces la regla del 10-10-10?

  • Yo vs Los demás – Pienso en mí, pero busco la aceptación y aprobación de los demás. Ante la única persona que tienes que justificarte, eres tú mismo. Eso sí, dado que no todas las decisiones que nos afectan dependen de nosotros, y que por muy independientes que seamos vivimos en sociedad y necesitamos a los demás, y que nuestra reputación tiene que ver con la percepción de los demás… trata de aportar información para que los demás puedan entender qué te ha llevado a actuar de esa manera.

En este post te propongo cuatro preguntas para ayudarte a tomar decisiones desde la gestión de tu marca personal:

  1. ¿En quién me convierto? Dado que a la única persona que tienes que rendir cuentas eres tú, la pregunta es: ¿en quién te convertirías si actuaras de esa o de la otra manera? ¿Qué dice esa decisión de ti como persona? ¿Te representa? ¿Te desvirtúa? ¿Honra tus valores?
  2. ¿Me acerca o me aleja de mi objetivo? Todo tiene un fin, una meta, algo que queremos conseguir (ojo aquí con no confundir deseo y necesidad)… Así que es importante que, cuando vayamos a decir algo tengamos en mente ese objetivo, esas metas. ¿Suma?¿Resta? ¿Afecta?
  3. ¿Qué sería lo peor que podría pasar si dijera que sí o que no? Una de las cosas a las que ayuda la gestión de la marca personal es a enfocarte y a aprender a decir no a cosas que nos distraen o nos desvían del camino. A menudo, las seguimos haciendo por el qué dirán, o por no cerrar puertas o perder oportunidades aunque estas no nos acerquen al objetivo. Así que la pregunta es: ¿Qué pasaría si dijera que no? ¿Cómo podría afectarme?
  4. ¿Cómo entenderán esto los demás? No se trata de qué decidiré para que los demás me acepten… no, ya tengo la decisión tomada y me pregunto qué puedo hacer para que los demás empaticen conmigo y entiendan porqué he decidido esto. Creo que todas o casi todas las decisiones se toman porque en algún momento se ven acertadas. Poca gente quiere hacer algo mal a propósito, puede que haya sido egoísta, que se haya dejado llevar por el momento o el deseo… pero en general, las decisiones se razonan antes de tomarlas y la clave, para con los demás, está más en hacer entender que nos ha llevado a tomarlas, más que la decisión en sí.

Y tú, ¿qué preguntas te haces antes de tomar una decisión? Compártelas en los comentarios

Aumenta tu visibilidad aprovechando los momentos de marca

Una de las necesidades más importantes en los deportistas profesionales es mantenerse visible todo el tiempo, no sólo cada cuatro años coincidiendo con los Juegos Olímpicos o cada vez que logran un título.

La clave para mantener una buena visibilidad en el tiempo está en aprovechar bien el momento de marca, y a la vez, en generar contenido atractivo para recordarles a los medios de comunicación que sigues ahí aunque no haya competición, trofeo o similar. Recuerda: “Ganar no es suficiente, hay que hacerse visibles”.

Empecemos por el principio, ¿Qué es un momento de marca? Cuando estás o podrías estar en el candelero. Cuando hay algo que hace o podría hacer que se hable de ti. Para que te sea más fácil identificar estos momentos, te pongo algunos ejemplos:

  • Disputa de una competición mundial, continental o nacional.
  • Días previos a competir ante un rival con alta visibilidad.
  • Firma de un acuerdo con un club o patrocinador
  • Lanzamiento, presentación o evento relevante
  • Medallas, premios, récords o condecoraciones
  • Cuando un contenido viral nos convierte en noticia

Aprovechar el momento de marca

Si vas a disputar una competición importante, destina un tiempo a realizar un ‘tour’ por los medios de comunicación. Puede que veas incompatible el final de la preparación con la atención a medios, perfecto, en cuyo caso ofrece a los medios disponibilidad en la fecha que más convenga a tu preparación. Mientras que la entrevista o el contenido no pierda actualidad, no les importará tenerlo preparado con más antelación.

Piensa que, en ese momento, eres como un actor con la promoción de una serie o película, o un músico con la de un nuevo álbum. Tú igual, estás promocionando tu trabajo, a tu federación, a tu club y a tus patrocinadores.

Eso en relación a la previa del evento o competición, después de la misma tienes que estar disponible sí o sí. Lo ideal sería que grabaras en vídeo un mensaje con tus impresiones sobre la competición y lo compartieras en redes sociales, de forma que todos pudieran tener una reacción tuya, y el que quiera algo más personalizado ya se atiende individualmente. Ojo aquí al reloj. Primero, por no tardar en ofrecer tu reacción, y segundo por la diferencia horaria en caso de que compitas en el extranjero.

No sé si sabes que La Liga tiene regulados los tiempos en los que deben atender los futbolistas y entrenadores a los medios de comunicación tras un partido, e incluso les sancionan si tardan más de lo establecido. No hay que llegar a este punto, pero cuanto menos se tarde, siempre que el mensaje sea coherente -nada de gente cogiendo aire nada más cruzar la meta, ni mensajes sin reflexión-, mejor.

Durante la competición hay que tener en cuenta la norma: “Si no te ven, no existes”. Es importante conocer bien los derechos de retransmisión de la prueba y poder conseguir vídeos y fotos para distribuirlas a medios sin problemas de derechos de autor, así como también compartir a través de que medio o página web se podrá seguir la competición.

Si te enfrentas a otro deportista con mayor visibilidad, aprovéchate de ello. De que haya más medios presentes, no de la persona. Acércate a los medios y da una opinión sobre el protagonista, y luego conduce la conversación a hablar de ti.

Esto me recuerda a los clubes de fútbol, que saben que en la semana en que se enfrentan al Real Madrid y del FC Barcelona los medios nacionales les prestan más atención, y aunque puede dar rabia que pasen de ti el resto del año, es el momento en el que el foco se pone en ti y hay que aprovecharlo para transmitir lo que quieres.

Aprovecha la oportunidad de interactuar con los periodistas, guarda el contacto y crea una buena relación para la época de vacas flacas. ¿Cuántos deportistas organizan bien su agenda o tienen una base de datos con los periodistas que en algún momento les han llamado para una entrevista?

Este año he ido a dos galas de premios de prensa deportiva, la granadina y andaluza; y me ha llamado mucho la atención ver cómo muchos deportistas se quedaban aislados hablando con sus acompañantes y no se relacionaban, no aprovechaban para hacer networking, para interactuar con los periodistas y cerrar entrevistas o reportajes que les den visibilidad, ni tampoco con los patrocinadores allí presentes.

A veces hay un contenido relacionado contigo de alguna manera, o con tu deporte, que se hace viral. La idea es transformar ese contenido viral en entrevistas, reportajes o noticias que te posicionen cómo quieres que te vea tu público, y no sólo cómo apareces en el contenido.

Hace unas semanas mi paisana Victoria Padial hizo ‘viral’ un video previo a su entrenamiento bailando la canción de despacito. Muy divertido. Se compartió y se habló del baile, pero… ¿qué retorno tuvo? ¿Cuántos medios hablaron de ella como deportista, de su pretemporada, del biatlón, del rollerski, de su objetivo centrado en los Juegos de Invierno, de la división que hay con la Federación de Deportes de Invierno o el evento que deportivo que organiza el 10 de junio en Granada…?

La primera clave para gestionar bien la visibilidad y prolongarla en el tiempo es la planificación.

Lo primero es identificar cuáles van a ser los momentos de marca de la temporada, y buscar en ti momentos, acciones y contenidos que pudieran llegar a ser atractivos y distribuirlos por el calendario.

Ojo, hay veces que puedes ser atractivo para medios locales, nacionales e internacionales, en función de la magnitud y repercusión de la acción. Es importante no restar importancia a los momentos de marca locales, que a veces se tiende a eso.

La idea principal se trata de que no hablen de ti solo la semana en la que disputas el Mundial, Europeo o Juegos y que es cuando más concentrado/a necesitas estar. No. Queremos que hablen de ti antes, durante y después, pero también a principio de temporada para contar objetivos, al final para hacer balance y, además, recordarles que existes cada poco con contenido atractivo.

El contenido es la segunda clave para una buena gestión de la visibilidad en medios de comunicación

Sé tú mism@. Arriésgate y crea contenido que transmita tu marca personal. Interactúa con la sociedad, con tus seguidores. Comparte tus intereses e inquietudes. Busca la viralidad de la que hablamos antes, los medios de comunicación se hacen eco de lo que ocurre en redes sociales. Hay que ver la viralidad como una oportunidad, no como un fin.

Reparte juego. Ofrece cosas distintas a medios distintos. Hay que ser original y además saber dividir el contenido de manera que todos los medios estén satisfechos y que sientan que a cada uno les estas dando cosas diferentes e igual de importantes. Y además, también aquí es importante tener en cuenta el tiempo, que no vayan a salir en el mismo día en distintos medios.

Crea sinergias. Busca puntos en común, ya sea con tu patrocinador, con otros deportistas de tu disciplina –o con otros deportistas de tu tierra en otros deportes– y haz intercambios. Crea contenido diferente.

Genera actividades. Es más fácil que se hable de una acción que de un pensamiento. Es decir, si hay una actividad, se puede hablar antes para convocarla y después, e incluso recordarla dentro de un tiempo, pero si se habla de un pensamiento… Si se hace una entrevista no hay muchas más vueltas que darle, a menos que haya algún contenido polémico en ella. Los campus, encuentros, conferencias y otras actividades de ese tipo no sólo sirven para generar otra vía de ingresos o relacionarse con tus seguidores. Son acciones de visibilidad también para los medios de comunicación.

Busca ayuda de profesionales. Igual has leído este post y dices: “esto es lo que tengo que hacer”, pero no sabes cómo. Busca un profesional que te ayude a desarrollar y ejecutar un plan de comunicación que te haga visible en todo momento.

El deportista de alto rendimiento como influencer

Está de moda lo de ser influencer. El otro día, en un programa de televisión, vi como una niña de 12 años decía ser influencer porque tenía un canal de Youtube. ¡Cómo nos gusta destrozar términos! El influencer es aquel que influye en la decisión de compra de otros. Así, todos seríamos influencers, porque todos recomendamos a nuestros amigos películas, restaurantes, tiendas… pero la diferencia está en llegar a la masa.

La idea es influir tanto en la decisión de compra de la gente como para que la marca lo note en sus ventas. Lo ideal para ellos es que se agote el producto, como hacen las Kardashian. Que cree expectativa, urgencia, necesidad, que marque tendencia, que sea objeto de imitación por los demás.

Cuando se habla de influencers se mete a los deportistas en el saco. Estamos acostumbrados a ver a Cristiano Ronaldo o a Beckham con un gran número de seguidores que serían capaces de comprarse cualquier cosa que usen ellos. Incluso en los clubes de fútbol más modestos se usa la imagen de sus futbolistas para promocionar gorras o bufandas. “Si lo lleva tu jugador…” aunque sepamos que con eso no saldría a la calle.

¿Y el resto de deportistas? Siempre digo que cada uno tiene su público, que lo difícil es encontrarlo, porque luego la conexión es más fácil. La clave está en que los deportistas creen comunidad de seguidores.

Hace ya algún tiempo, vi en internet como algunos deportistas se quejaban de que las marcas deportivas preferían patrocinar a rostros famosos de otros ámbitos que hacían deporte antes que a ellos. Claro, es que los presentadores y actores son más influyentes. Y no porque sean referentes en deporte, sino porque su alto nivel de visibilidad les ayuda a ser referentes en la vida.

Y es que aquí está la otra palabra clave: referente. Para mí, para ser influencer, primero tienes que ser referente. Y divido dos tipos de referentes: conocimiento y estilo de vida.

Los referentes según su estilo de vida son a los que solemos llamar “famosos”: los que salen en la tele, actores, músicos, deportistas…. Eso de vestir bien, comer de lujo y viajar por el mundo es un estilo de vida que a mucha gente le gustaría imitar. Y no significa que no sean buenos en su trabajo, pero lo que nos cuentan no es lo que saben o cómo lo hacen, sino el qué hacen.

Y por otro lado, están los referentes por conocimiento. Los que llegan a nosotros por ser buenos profesionales que sí que nos cuentan su opinión, lo que saben y cómo lo hacen. Son influencers expertos.

Para que se vea clara la diferencia, un ejemplo: cuando eliges ver una película porque sale tal actor o porque un crítico de cine en el que confías la recomienda.

¿Son mejores unos que otros? Son diferentes. Es como elegir entre calidad y cantidad en cuestión de ventas. Quieres tener clientes de calidad, fieles y comprometidos con la marca, pero te interesa vender en gran cantidad.

Lo ideal, es alguien que sea experto pero que también sea referente de vida. Esto lo saben bien las Kardashian. De hecho, se han repartido el mercado entre las hermanas de manera que una sabe más sobre nutrición y deporte, otra sobre comida vegetariana y decoración, otra sobre maquillaje… se han especializado para ser referentes por conocimientos y no sólo por estilo de vida.

¿Y dónde quedan los deportistas? Los que tienen una alta visibilidad son influencers por estilo de vida. Y eso se ve fácil en las marcas que les patrocinan, puesto que tienen más de aquellas que no son específicas de su deporte.

¿Y qué les queda a los deportistas de alto rendimiento con menos visibilidad? Convertirse en referentes expertos de su deporte. Para eso, además de hablar de lo que hacen, deben contar también el cómo lo hacen; y así dan la posibilidad a los aficionados de aprender e imitarles. Es posible que, a través de la especialización y su “expertologia” aumente tanto su visibilidad que finalmente gane atractivo para otras marcas más genéricas.

Un ejemplo de esto sería Aida Domenech (Dulceida) en el mundo de la moda. Comenzó hablando de moda, está especializada en ese ámbito, las primeras marcas que la contrataron fueron de ese sector, pero poco a poco fue aumentando su visibilidad y dando a conocer su estilo de vida, y ahora le llegan otras marcas.

Deportistas, demostrad vuestro conocimiento y experiencia ante los deportistas populares y convertiros en influencers.

Tú reputación es tuya, estés donde estés

El otro día discutí con un amigo sobre si un referente lo es por él mismo, el puesto de trabajo que desempeña, la necesidad que satisface, el reconocimiento de sus públicos, o si lo es por la empresa en la que lo realiza. Evidentemente, una entidad reconocida, da visibilidad y prestigio, pero esto no debe restar valor a la marca personal y la profesionalidad del trabajador.

Entiendo que se dude. Durante mucho tiempo me he presentado con mi nombre añadiendo la coletilla de “la del CB Granada” o “la del Málaga CF”. No le daba valor a mi nombre, no confiaba en que los demás supieran quién es Eva Castillo, ni me sentía cómoda con el nombre de mi cargo, pues tenía muchas tareas y no hay cargo que signifique labores tan distintas. Ahora, suelo dejar un silencio tras mi nombre, para ver si la gente me recuerda, o digo directamente mi dedicación, si no me conocen. Es cuestión de creérselo, de saber que eres bueno en lo que haces, que aportas algo a los que te rodean.

A veces parece que, si no estás en esa empresa, no existes, no se te ve, o no eres bueno. Cuando existir, ser visible y ser profesional no dependen de la empresa, depende de ti. Un deportista puede ser un gran profesional, entrenarse con intensidad, tener buen rendimiento, pero no ser elegido por un seleccionador, y sin embargo en el campo ser el referente de sus compañeros.

Otras, nos empeñamos en pensar que, para lograr nuestro objetivo, tenemos que estar en esa empresa de prestigio. Como si no existiera ningún sitio más para desempeñar esa labor, para seguir aprendiendo y adquirir experiencia, como si el hacer ese mismo trabajo en otro sitio, fuera menos. Y pensando que, para avanzar, hay que utilizar el prestigio y la visibilidad de la empresa, sin pensar nuestro propio prestigio y visibilidad será un arma más potente.

La reputación de la entidad en la que trabajamos nos atrapa, nos hace pensar que hemos llegado a nuestro tope, que eso es lo mejor a lo que podíamos aspirar, y nos hace más grande la zona de confort. Si estoy en esta empresa y todo el mundo me asocia a ese nivel de prestigio… ¿cómo voy a dejarlo? ¿Cómo voy a pasar de trabajar en un sitio que para mí es 10, a otro que es 1 o 5? Si en el uno puedes aprender, desarrollar tu talento y sentirte más realizado y feliz… ya estás tardando. Es como aquel futbolista que piensa que para llegar al primer equipo tiene que estar obligatoriamente en un filial. Un paso a un lado no es desviarse, ni retrasarse, es buscar otro camino para llegar al mismo fin.

Si cuando pensamos en objetivos ponemos el nombre concreto de una empresa, creo que nos equivocamos. Es igual a cuando en el deporte pensamos en resultados. Hay que pensar en rendimiento, en trabajo, en aprendizaje. Los resultados son la consecuencia, al igual que tu profesionalidad te acabará llevando a trabajar con gente o empresas de prestigio. El futbolista que quiere jugar en el Real Madrid o el FC Barcelona y no piensa en la posibilidad de hacerlo en cualquier equipo de primer nivel, con grandes jugadores, que compita en Champions y pague bien, estará dejando de lado la posibilidad de jugar en el Paris Saint Germain, aunque en éste pueda tener más minutos, mas visibilidad y mejor reputación.

El prestigio es una percepción, y nosotros mismos lo construimos. Si tú eres un buen profesional y fichas por esa entidad, harás más grande a la entidad. Y si para ti la empresa es grande, harás que los demás la vean así de importante.

La gestión de la marca personal es una buena forma de hacer crecer el prestigio de una entidad, dando visibilidad y poniendo en valor a sus empleados. Por ejemplo, si la reputación de un jugador aumenta, te puede atraer nuevos seguidores y patrocinadores, así como el aumento de las ventas de merchandising, o la buena labor de un monitor de actividades dirigidas hace que la gente elija ese gimnasio para ejercitarse.

Independientemente de donde estés, desarrolla tu talento, cuida tu reputación y trabaja tu visibilidad, de eso depende tu prestigio.

Los periodistas son aliados, no enemigos

En la gestión de la marca personal de los profesionales del deporte, analizamos su modelo de negocio. Dentro de él, a sus públicos, donde identificamos a los periodistas como aliados. Los periodistas son el vínculo con los aficionados, son los que nos dan presencia mediática, los que nos ayudan a posicionarnos.

La percepción que tiene un periodista es importante porque informará sobre nosotros en base a nuestros actos y resultados, pero también influirá esa relación y comunicación, y la extenderá a la sociedad. Esto no significa que los periodistas sean dioses con un poder superior, ni que les tengamos que agradar a toda costa, pero sí hay que aceptar su rol como transmisores y conectores. Cuando respondes una pregunta a un periodista, no sólo le estas respondiendo a él, sino a todos los aficionados que se informan a través de él. Las preguntas se seleccionan en base a lo que el periodista considera interesante, analizable o noticiable.

Su percepción puede ser acertada o errónea, como la de cualquiera. El conflicto entre el profesional del deporte y el periodista surge cuando esa percepción hace que el entrevistado se sienta ofendido. Estaría bien que los periodistas pregunten sin mostrar sus opiniones o con el clásico truco de “qué les dirías a los aficionados que piensan que…”. Cuando el entrevistado se siente ofendido u atacado piensa que parte en desventaja en esa comunicación, y que tiene que convencer al otro o justificar sus decisiones, y de no lograrlo, no se tendrá en cuenta su respuesta.

Las preguntas abiertas dan pie a la reflexión, las preguntas cerradas, no dan pie a nada. También hay que defender que, desde el lado del periodista, es difícil entrevistar a alguien con pocas habilidades comunicativas, y que termina respondiendo con un sí o un no. Ese es uno de los motivos por los que se tiende a hacer preguntas en las que se les da la respuesta hecha, para que todo resulte más rápido y fácil, pero en el fondo, es menos real.

Seguridad, respeto y aceptación

Para afrontar preguntas hechas o preguntas con cargas interpretativas hay que sentirse muy seguro de uno mismo, ser capaz de decir “no, yo lo veo de otra manera”. Pero además, hacerlo sin sentirse ofendido previamente ni querer ofender ni imponer su criterio al que hizo la pregunta. Se trata de ser asertivo. Respetar tus ideas, pero también respetar al que tienes en frente, y buscar el entendimiento mutuo.

Es cierto que hay intrusismo en el periodismo, que es una profesión que busca tanto la inmediatez que a veces se olvida de la preparación, que en el ámbito deportivo se tiende al amarillismo, y que hay una creatividad y un lenguaje más desenfadado, pero eso no lo hace menos periodismo. El periodista tiene la formación en periodismo. Evidentemente el entrevistado está más versado en su tema, pero eso no hace que el periodista, en base a su preparación, información, experiencia, capacidad analítica y de síntesis no pueda hablar sobre ese tema.

El deporte no es sólo para los expertos de alto rendimiento, es para todos, tengan más o menos conocimientos. Si el deporte engancha, es porque todos pueden comenzar a practicarlo y aprender. El que menos sabe, puede disfrutar tanto como el que más, por lo que también puede opinar, querer aprender o preguntar, y se merece ser escuchado y respetado.

Además del respeto, la clave está en la aceptación. No sólo aceptar los errores y no echar balones fuera ni buscar culpables que nos conviertan en víctimas. Además, hay que aceptar que se es un personaje público, en un cargo o profesión que tiene una exposición mediática. No se trata de atender a la prensa como si fueras al dentista, ni de estar seco y cortante para que no te quieran preguntar más y se acabe el suplicio cuanto antes. Atender a tus públicos, incluidos los periodistas, forma parte de tu trabajo.

Los detalles y la reputación

De la forma en la que haces algo pequeño, se entiende que haces el resto. Repetimos patrones, repetimos comportamientos. Por eso, si alguien no es capaz de gestionar sus emociones ni relacionarse con un público concreto, como el de los periodistas, es fácil interpretar que tampoco sabrá relacionarse con cualquier otro publico, incluido su grupo de trabajo. Esa sensación genera inseguridad, y afecta a tu reputación.

Y seguimos con los pequeños detalles. El mensaje no solo son palabras que tienen un significado, evidentemente el tono, así como la comunicación no verbal forman parte de él. Sin embargo, aunque existen estudios y análisis, no todo el mundo se comunica de forma coherente, ni interpreta los signos y tonos de la misma forma. Es algo que depende de la cultura, pero también depende de los pensamientos de uno mismo, son muy fácil de malinterpretar. Por eso, hay que evitar interpretar, repreguntar y ser literal.

Para terminar el post, te resumo cinco claves para gestionar las preguntas de los periodistas:

  • Asumir los posibles errores y resultados desfavorables.
  • Aceptar las opiniones distintas de los demás.
  • No buscar segundas intenciones, ser literal.
  • Repreguntar o pedir más información hasta que la pregunta quede clara.
  • Dar información de lo que hacemos sin sentir que nos justificamos ni excusamos.

Fichajes con valores

No es política. Todo lo que ha pasado estos días en torno a la cesión frustrada del delantero ucraniano Zozulya del Real Betis al Rayo Vallecano, es cuestión de valores, tal y como han reflejado los comunicados de ambas partes, y de reputación.

Admiro a la gente que expresa sin miedo sus ideas. Expresarse y mostrarse, implica aceptar que, con esa información, habrá gente que se sienta más conectada a nosotros, pero también que habrá gente que nos muestre rechazo. Me gustaría que hubiera más respeto a la diversidad, pero aún tenemos mucho trabajo por delante.

La vida personal y profesional no pueden separarse, por mucho que haya gente que se empeñe. Siempre hay algo de nosotros en lo que hacemos, así que siempre hay algo personal en lo profesional. Es más, detrás de una relación profesional, hay una conexión personal.

Volviendo al caso que nos ocupa, estaría bien que los clubes deportivos tuvieran más clara su identidad, sus valores, los de sus aficionados, saber qué es lo que defienden y lo que ofrecen, porque eso les hará anticiparse a posibles situaciones como la que estos días ha vivido el Rayo Vallecano, que solo ha servido para multiplicar la crisis de reputación de un futbolista.

Además, a los clubes les falta investigar más a sus posibles incorporaciones, y saber si, además de un rendimiento y un precio asumible, comparten con ellos unos objetivos y unos valores. De no hacerlo, es difícil que se muestren comprometidos con el proyecto, que conecten con la afición, que sientan los colores y que pongan su talento al servicio del grupo.

No creo que sea una decisión que se tome en base a la presión de un grupo de aficionados, no debería. Se trata de valorar si esa persona tiene una reputación acorde a los valores que el club quiere transmitir. Si no es así, no les interesa. Aún no tengo claro el motivo que expone el Rayo para que el jugador no esté entrenando con su equipo, ¿presión o valores?

Por otro lado, el deportista deberá analizar su reputación, sus acciones y su posicionamiento, y descubrir si hay hábitos o comportamientos -más allá de vestir una camiseta que creó confusión- que quiere cambiar para acercarse más a lo que él mismo dice que piensa. O si, por el contrario, debe aceptar que sus actos le llevan a tener una reputación que no es bien recibida por algunas personas.

¿Y cómo se sale de esta situación? Propongo cuatro claves: Empatía, entender el otro para no caer en extremos y respetar la diversidad; información, para facilitarle al otro que empatice con nuestra situación y decisiones; coherencia, que los palabras y hechos vayan en la misma línea, la de honrar nuestros valores; y aceptación, para asumir que no todas nuestras decisiones son acertadas, ni siempre se puede agradar a todo el mundo.

Otros casos

En los últimos años, estamos acostumbrados a ver fichajes que se rompen por motivos que nada tienen que ver con el rendimiento profesional y sí con el comportamiento personal. Muchos medios han recopilado algunas, como MARCA, aunque titulaba esas circunstancias como el ‘pasado’ del protagonista. Defender unas ideas no es pasado, es presente. Se puede evolucionar, pero se tiene que ser coherente con las palabras y los actos. Es difícil, por no decir imposible, modificar la percepción y la reputación con un comunicado.

Hace unas décadas esto no importaba, Maradona seguía siendo Dios pese a su comportamiento, pero las cosas están cambiando. El consumo de drogas, el exceso de alcohol o la toma de sustancias dopantes ya son una línea roja para clubes, federaciones, patrocinadores y aficionados.

También se antepone el respeto. Los clubes suelen no contratar o romper el contrato de aquellos deportistas que, aun en su juventud, tiraron piedras – en twitter se ve de todo- sobre el club que más tarde les quería contratar por su rendimiento deportivo.

Sin embargo, aún hay situaciones en las que el rendimiento deportivo aún está por encima, por ejemplo, la ‘ingeniería’ financiera o la vida ‘poli’ sentimental, que en sectores como la política se castiga mucho más.

En el deporte, la política no es uno de los temas habituales, principalmente porque junto al sexo, los toros o la religión han sido y aún son, temas tabú, en los que se recomienda no entrar. Son bandos enfrentados, si no estás conmigo, estás contra mí, y renunciar a la mitad del público por posicionarte en uno de esos bandos es un alto precio a pagar.

Que se lo digan a Zozulya.

 

Fuente Foto: EL PAÍS

Cómo preparar un dossier de patrocinio deportivo individual

Eres deportista, buscas patrocinador, y te han dicho que lo mejor es tener un dossier de patrocinio para entregarlo a las marcas. Perfecto, es buen consejo, aunque no tu única opción -networking, crowdfunding, plataformas de patrocinio…-, pero, ¿qué pones en ese dossier?

Tu dossier de patrocinio es como un currículum, pero en vez de buscar trabajo, buscas patrocinador. A tu futuro ‘contratador’ debes mostrarle tus cualidades, capacidades, experiencia, y los beneficios que le aportas.

Como Personal Brander te diré que la estructura de los contenidos que todos los deportistas ponéis es muy similar, pasa lo mismo que con las plantillas de los CV. Por eso, te invito a que pongas interés en diferenciarte, en dejar tu marca personal.

Puedes hacerlo con el formato. Un diseño que te defina, en color, en tamaño. No te limites al papel o al pdf, piensa que podrías grabar un video, diseñarlo sobre algún accesorio de competición, o entregarlo junto algún detalle relacionado contigo o tu deporte. Todo esto son sugerencias que cualquiera puede aplicar, tienes que buscar lo que te represente a ti.

Y puedes hacerlo en el mensaje, resaltando tu propuesta de valor. Responde a estas preguntas:

  • ¿Por qué te deberían patrocinar a ti y no a otro deportista con similar rendimiento deportivo?
  • ¿Qué transmites tú que te haga ser el elegido?
  • ¿En qué valores y atributos coincides con esa marca que os ayude a conectar?
  • ¿Qué tienes tú que ayude a la marca patrocinadora a posicionarse como ellos quieren/necesitan?

Tu dossier es genérico así que solo responderá a la primera pregunta. Te aconsejo que prepares una carta de presentación donde respondas a estas preguntas específicamente para cada marca a la que te diriges. Eso sí, antes de ponerte en contacto con ellas, deberías seleccionar marcas que creas que conectan contigo, con tus valores. Aunque todas te puedan aportar ingresos, no todas te deberían valer a ti.

Estructura de contenidos para tu dossier de patrocinio:

  • Portada. Aquí la recomendación es poner una imagen deportiva atractiva. Es importante que la foto sea de calidad y que transmita alguno de los atributos de tu marca personal que quieres destacar. Cuando buscas patrocinio, ofreces imagen de marca, por lo que las fotos, el cuidado de otras marcas y el diseño es importante -depende de tus conocimientos, puede que te merezca la pena contratar a un diseñador-. Además de la imagen, pon tu nombre deportivo y las marcas con las que trabajas en la actualidad, porque las marcas atraen a más marcas.

  • Presentación breve. Nombre, edad, lugar de nacimiento, la modalidad deportiva que practicas y tu relevancia en el panorama nacional e internacional (no hace falta que pongas todo tu palmarés, con lo más destacado es suficiente, aunque si quieres ponerlo, hazlo de manera visual y abreviada).

  • Objetivos deportivos a corto y medio plazo. Cuenta para qué te estás preparando, demuestra confianza, y seguridad. Habla de tu dedicación, de tu preparación física y de tu entrenador.

  • Calendario de competición. No hace falta que sea muy detallado, solo indicar las competiciones previstas más destacadas -indicando fecha y lugar de celebración-. Pon el número total de pruebas en las que mostrarás a tus patrocinadores y la repercusión que tienen dichas competiciones.

  • Repercusión. Como decíamos en ‘los tres caminos de la visibilidad’ muestra aquí tu repercusión, de forma presencial, digital y mediática. Fotos de entregas de premios y actos públicos, capturas de tu web y redes sociales (muestra cómo cuidas a tus patrocinadores actuales), y recortes de medios de comunicación: entrevistas, reportajes o noticias más importantes o que creas que reflejan mejor quién eres.

  • Acciones sociales. Tus intereses y acciones de responsabilidad social individual. Cuenta aquí que acciones realizas o si estás interesado en participar y colaborar con acciones o temas concretos.

  • Espacios publicitarios. Aquí debes mostrar los soportes publicitarios que ofreces a los patrocinadores. No te quedes solo en material deportivo y vestimenta, piensa también en contenidos: videos, redes sociales, web, encuentros digitales, merchandising… Cualquier espacio en el que las marcas puedan mostrarse. Se original, como en su día David Meca con el Body Marketing. Antes de pensar en soportes, debes conocer las normas relativas a la publicidad de tu deporte, federación y de cada competición.

  • Propuesta de patrocinio. Muestra distintos paquetes de patrocinio con un precio y unos servicios y beneficios para el patrocinador. Abre siempre la posibilidad de diseñar una propuesta de patrocinio personalizada y adaptada a la marca interesada.

  • Para finalizar, te propongo que tengas un espacio con una nube de palabras que muestre todas las características, valores y atributos que se te atribuyen ti y a tu deporte. Todo aquello que te puede hacer conectar con tu patrocinador y con sus clientes, con tus seguidores.

Piensa que un patrocinador no solo te quiere para vincularte a su marca y reforzarla con tus atributos y valores, o como embajador de marca, también te quieren como persona influyente, que logrará que sus seguidores compren los productos y servicios que consume.

El personal branding y la siembra

Quien me ha preguntado por mis objetivos de este 2017 ya sabrá por donde va el post, y es que he decidido que, para mí, la palabra de este año es SEMBRAR.

Cuando ejecutamos un plan de personal branding, lo que hacemos es sembrar, porque es un proceso que apuesta por el trabajar día a día para dejar huella y poder recoger los frutos en el medio y largo plazo.

Gestionando nuestra marca personal, sembramos en nosotros mismos:

Autoconocimiento. Para dejar huella fuera, hay que conocerse primero. Reconocer nuestras habilidades, nos ayuda a mejorar la autoestima y la confianza. Identificar miedos y creencias limitantes, nos permite afrontarlas. Analizándonos, descubriremos las incoherencias de nuestros actos, aceptaremos nuestros errores y trabajaremos para modificarlos.

Nuevos hábitos y habilidades. Aprender a mejorar nuestras habilidades sociales y adquirir nuevos hábitos que nos permitan administrar mejor el tiempo, encontrar el equilibrio personal-profesional, relacionarnos con asertividad… Se trata de incorporar comportamientos, y también conocimientos y habilidades, que nos ayuden a ser mejor persona y mejor profesional.

Y en los demás:

Una visión particular. Se trata de diferenciarnos, de exponer nuestra visión del mundo. Nuestro uso e interpretación de las herramientas que todos tenemos a nuestro alcance, y cómo esa forma única de verlo beneficia a los demás, es lo que realmente nos diferencia.

Un posicionamiento. Queremos que los demás nos vean, nos identifiquen de una forma determinada, y eso no se hace de la noche a la mañana. La idea es transmitir esa visión, pero además ser coherente con ella en todo lo que hagamos.

Nuevas relaciones. Ampliamos nuestro círculo y nuestra visibilidad, nos mostramos al mundo. Conectamos con personas con las que podemos tener una relación win-win, buscando siempre no sólo qué nos pueden dar, sino qué les podemos ofrecer nosotros.

El éxito es un fin, pero también es una consecuencia. Es el resultado de tomar el control y hacer todo lo que está en nuestra mano para enfocarnos en el objetivo sin olvidarnos de nosotros mismos. No vale ganar a toda costa. Queremos vender, pero el éxito está en ganar sin “venderse” a uno mismo.

Y no basta con hacerlo bien un día. Hay que trabajar para que todos los días sumen.

Lo dicho, a sembrar…

El rendimiento deportivo no es lo único

Citius, altius, fortius. Ser más rápido, más alto y más fuerte ya no es suficiente. El rendimiento deportivo no es lo único que influye a la hora de que un club contrate a un deportista, o de que un patrocinador le apoye económicamente. Aunque el rendimiento es la forma en la que solemos medir a los profesionales, a la hora de la verdad, se tienen en cuenta muchos más aspectos que pueden ser definitivos, y todos se pueden trabajar.

Hace un tiempo llegó a mis manos este post escrito por el entrenador y psicólogo Manu Santos, en el que explica las características que para él conforman el “coeficiente de entrenabilidad” de un deportista: humildad para aprender, escucha activa, asumir y aceptar los errores, autoexigencia, energía, compromiso, saber competir y liderazgo.

En este post hay aspectos que forman parte de la personalidad, pero también hay otros vinculados a la forma de relacionarse con los demás.

Dentr

o de esa personalidad, al final lo que más destacan son los valores, nuestra escala de prioridades, que rige nuestro pensamiento y actúa en la toma de decisiones. Esos valores son con los que las empresas, sean clubes, federaciones o patrocinadores, quieren que les representemos. Esos valores son los que los aficionados admiran, por lo que conectamos con la gente.

La capacidad mental, el nivel de autoconocimiento y crecimiento personal, también son importantes. Saber manejar la presión, el estrés, buena autoestima, tener seguridad en uno mismo, ser flexible y capaz de adaptarse rápidamente a nuevos entornos, tener una inteligencia emocional desarrollada, te convierte en mejor persona y mejor profesional, te ayuda a poder enfocarte en tus objetivos, pensar en soluciones y no en obstáculos, problemas o dificultades.

Las relaciones sociales son otro punto muy interesante a mirar a la hora de incorporar a un deportista. Tiene que ser capaz de relacionarse con públicos muy diversos: compañeros, entrenadores, competidores, árbitros, directivos, empresarios, periodistas… Es importante saber cuál es la necesidad que satisfacen a cada uno de ellos y qué esperan de él, para que, en la medida de lo posible, y sin que eso vaya en perjuicio propio, las satisfagan.

Para conectar con la gente, hay que tener valor para abrirse, exponerse, mostrarse tal cual eres, con tus cosas buenas y malas, demostrar que se está en continua mejora, que aprendes de tus errores, que tienes emociones, y que no eres uno más, no eres alguien correcto dentro de un perfecto molde, sino que eres una persona independiente, autónoma y distinta. No se trata de caer bien a todo el mundo, sabemos que eso es prácticamente imposible, se trata de conectar con quienes realmente quieres conectar.

La visibilidad, tener presencia, no es solo un factor más, es también una consecuencia de los dos anteriores: personalidad y relaciones. Ahora se está confundiendo con el mundo online, pero no hay que olvidarse del offline.

Hay que hacerse visibles, porque tener repercusión es la forma de que las empresas consigan recuperar la inversión que han hecho en los deportistas. Si es un club, le interesará que su deportista mantenga su valor de mercado e incluso se revalorice, y eso ira no solo en función de su rendimiento, también de su visibilidad, del valor de su imagen como marca, de cuántas camisetas podrá vender, cuantas portadas protagonizará, cuantos patrocinadores querrán asociarse a él, de cuantos aficionados se engancharán al equipo pensando que su llegada será positiva para el grupo, de cómo difundirá la imagen del club o las marcas en su país de origen. Y los patrocinadores igual, les preocupa saber a cuantas personas llegarán con su mensaje, cuantos seguidores del deportista querrán consumir los productos que él anuncie, y a qué valores se asociarán al unirse a ese deportista.

No digo que no haya que rendir deportivamente, por supuesto, eso es lo primero en la carrera de un profesional del deporte. Pero entre dos opciones que rindan similar, el valor dependerá de los otros factores, como son la personalidad, su forma de relacionarse y la visibilidad.

El lenguaje modula el pensamiento

Descubrí esta frase hace menos de un año, y no hay día que no me la diga a mi misma o me escuche decírsela a alguien. Sí, soy insistente con aquello en lo que creo. En otro momento habría escrito pesada, pero se trata de eso, de modular el pensamiento cuidando el lenguaje.

 

Cuando hacemos un proceso de marca personal, empezamos por el autoconocimiento, e identificamos características, fortalezas, debilidades… Las personas nos describimos como creemos que somos, y en esa descripción, es habitual que encontremos y usemos palabras negativas o que tienen connotaciones negativas. Porque parece que nos gusta machacarnos.

Nuestro lenguaje interno no siempre suma, en tres casos concretos resta:

  • Cuando generalizamos. Yo no soy 100% una cosa en todo momento, yo soy de una manera para una situación concreta (e incluso dentro de un rol concreto). Cuando utilizamos una palabra negativa generalizando, no nos damos la oportunidad de aprender del error, sino que nos machamos pensando que actuamos siempre de la misma forma. Es más, hay ocasiones en las que seguro que esa palabra negativa, es hasta buena.
  • Cuando nos castigamos. ¿Quién no se ha dicho ‘Qué tonto soy’ alguna vez? Cada vez que escucho a alguien insultarse, le freno y se lo hago ver. ‘Tú ya sabes a lo que me refiero’ o ‘estoy bromeando’ suelen ser sus respuestas; y ahí es cuando les digo eso de ‘el lenguaje modula el pensamiento’. Exigirnos, a veces, nos lleva a castigarnos en base a resultados. Si te refieres a algo concreto, especifica, de esa manera sabrás que corregir o cambiar. Y lo de bromear… hay ciertas cosas con las que no es bueno bromear, y tu autoestima es una de ellas.
  • Cuando nos comparamos. A menudo la gente dice que es “demasiado” algo, o “poco” de otra cosa… ¿Respecto a qué? ¿A la media? ¿A la normalidad? ¿Y eso quién lo define? No eres ni demasiado ni poco nada, eres tú y tienes ciertas características en determinada cantidad, pero sin compararlo con los demás, ni con una media o normalidad inventada.

Quienes más saben de lenguaje negativo y exigente son los deportistas. Ellos lo sufren debido a la presión, las ganas de superación, o la frustración en base a resultados. Timothy Gallwey ya habló de este tema en “El Juego interior del tenis”. La principal consecuencia, es que esa presión, esa voz interior negativa, nos impide dejar fluir el talento.

El ‘Vamos Rafa’ de Nadal, o el ‘Puedo, porque pienso que puedo’ de Carolina Marín; son ejemplos de cómo los deportistas buscan frases positivas y motivadoras para acallar una posible voz interior negativa durante los partidos.

Y es que ser negativos en el lenguaje bloquea nuestras fortalezas, nos limita. Seguro que has escuchado hablar de la profecía autocumplida. Las personas como seres sociales queremos satisfacer a los demás y si la gente piensa y expresa que tenemos un comportamiento, acabaremos actuando de esa manera para satisfacer a esa persona. Reforzamos el pensamiento. Y si el pensamiento es negativo…  ya puedes imaginar cómo serán las consecuencias. Y si nos influye el lenguaje externo, imagínate el propio.

No sólo nos machacamos internamente, sino que exteriorizamos estas ideas y al final trasladamos a los demás estos conceptos negativos sobre nosotros mismos. La primera forma de controlar nuestra reputación pasa por controlar nuestro propio lenguaje.

¿Y cómo podemos trabajar este lenguaje?

  1. Ser conscientes de cómo nos hablamos e incluso de cómo hablamos a los demás. Tratar de identificar las palabras negativas o que tienen connotaciones negativas, insultos y adverbios de cantidad.
  2. Especificar cuándo se cumple esa característica, en qué contexto, en qué rol, a consecuencia de qué emoción…
  3. Buscar eufemismos. Pero no se trata de cambiar palabra por palabra, sino que busquemos la intención positiva detrás del adjetivo que transmite un comportamiento negativo. De pesada, insistente.

No digo que haya que ocultar aspectos negativos a cambiar o aceptar, pero sí creo que es más sano si sabemos encontrar la línea que separa ser autocríticos, exigentes y querer mejorar, de dejar que el lenguaje nos dañe.