La toma de decisiones y la marca personal

Gestionar tu marca personal es tomar decisiones que te representen, te diferencien, te posicionen y te lleven a tu objetivo. Y cuando digo decisiones incluyo todas, desde la más sencilla a la más dura, desde la más grande a la más pequeña, porque los detalles marcan la diferencia.

Hay tres decisiones que especialmente son complicadas de tomar:

  • Deseo vs Necesidad – Quiero es pasar tiempo con mi gente, pero lo que necesito es entrenar para estar a pleno rendimiento. Aquí la idea es identificar qué es deseo y qué necesidad, y permitirse encontrar el equilibrio disfrutando de deseos no perjudiciales que te aporten felicidad, alegría, motivación…

  • Corto vs Largo Plazo – Puedo entrenar a tope para la próxima prueba, o planear la temporada para llegar en las mejores condiciones a la competición principal del año. Esto es cuestión de gestionar miedos, valorar importancias, confiar y apostar, sabiendo que no siempre tiene porqué salir como esperamos o nos gustaría. ¿Conoces la regla del 10-10-10?

  • Yo vs Los demás – Pienso en mí, pero busco la aceptación y aprobación de los demás. Ante la única persona que tienes que justificarte, eres tú mismo. Eso sí, dado que no todas las decisiones que nos afectan dependen de nosotros, y que por muy independientes que seamos vivimos en sociedad y necesitamos a los demás, y que nuestra reputación tiene que ver con la percepción de los demás… trata de aportar información para que los demás puedan entender qué te ha llevado a actuar de esa manera.

En este post te propongo cuatro preguntas para ayudarte a tomar decisiones desde la gestión de tu marca personal:

  1. ¿En quién me convierto? Dado que a la única persona que tienes que rendir cuentas eres tú, la pregunta es: ¿en quién te convertirías si actuaras de esa o de la otra manera? ¿Qué dice esa decisión de ti como persona? ¿Te representa? ¿Te desvirtúa? ¿Honra tus valores?
  2. ¿Me acerca o me aleja de mi objetivo? Todo tiene un fin, una meta, algo que queremos conseguir (ojo aquí con no confundir deseo y necesidad)… Así que es importante que, cuando vayamos a decir algo tengamos en mente ese objetivo, esas metas. ¿Suma?¿Resta? ¿Afecta?
  3. ¿Qué sería lo peor que podría pasar si dijera que sí o que no? Una de las cosas a las que ayuda la gestión de la marca personal es a enfocarte y a aprender a decir no a cosas que nos distraen o nos desvían del camino. A menudo, las seguimos haciendo por el qué dirán, o por no cerrar puertas o perder oportunidades aunque estas no nos acerquen al objetivo. Así que la pregunta es: ¿Qué pasaría si dijera que no? ¿Cómo podría afectarme?
  4. ¿Cómo entenderán esto los demás? No se trata de qué decidiré para que los demás me acepten… no, ya tengo la decisión tomada y me pregunto qué puedo hacer para que los demás empaticen conmigo y entiendan porqué he decidido esto. Creo que todas o casi todas las decisiones se toman porque en algún momento se ven acertadas. Poca gente quiere hacer algo mal a propósito, puede que haya sido egoísta, que se haya dejado llevar por el momento o el deseo… pero en general, las decisiones se razonan antes de tomarlas y la clave, para con los demás, está más en hacer entender que nos ha llevado a tomarlas, más que la decisión en sí.

Y tú, ¿qué preguntas te haces antes de tomar una decisión? Compártelas en los comentarios

Los periodistas son aliados, no enemigos

En la gestión de la marca personal de los profesionales del deporte, analizamos su modelo de negocio. Dentro de él, a sus públicos, donde identificamos a los periodistas como aliados. Los periodistas son el vínculo con los aficionados, son los que nos dan presencia mediática, los que nos ayudan a posicionarnos.

La percepción que tiene un periodista es importante porque informará sobre nosotros en base a nuestros actos y resultados, pero también influirá esa relación y comunicación, y la extenderá a la sociedad. Esto no significa que los periodistas sean dioses con un poder superior, ni que les tengamos que agradar a toda costa, pero sí hay que aceptar su rol como transmisores y conectores. Cuando respondes una pregunta a un periodista, no sólo le estas respondiendo a él, sino a todos los aficionados que se informan a través de él. Las preguntas se seleccionan en base a lo que el periodista considera interesante, analizable o noticiable.

Su percepción puede ser acertada o errónea, como la de cualquiera. El conflicto entre el profesional del deporte y el periodista surge cuando esa percepción hace que el entrevistado se sienta ofendido. Estaría bien que los periodistas pregunten sin mostrar sus opiniones o con el clásico truco de “qué les dirías a los aficionados que piensan que…”. Cuando el entrevistado se siente ofendido u atacado piensa que parte en desventaja en esa comunicación, y que tiene que convencer al otro o justificar sus decisiones, y de no lograrlo, no se tendrá en cuenta su respuesta.

Las preguntas abiertas dan pie a la reflexión, las preguntas cerradas, no dan pie a nada. También hay que defender que, desde el lado del periodista, es difícil entrevistar a alguien con pocas habilidades comunicativas, y que termina respondiendo con un sí o un no. Ese es uno de los motivos por los que se tiende a hacer preguntas en las que se les da la respuesta hecha, para que todo resulte más rápido y fácil, pero en el fondo, es menos real.

Seguridad, respeto y aceptación

Para afrontar preguntas hechas o preguntas con cargas interpretativas hay que sentirse muy seguro de uno mismo, ser capaz de decir “no, yo lo veo de otra manera”. Pero además, hacerlo sin sentirse ofendido previamente ni querer ofender ni imponer su criterio al que hizo la pregunta. Se trata de ser asertivo. Respetar tus ideas, pero también respetar al que tienes en frente, y buscar el entendimiento mutuo.

Es cierto que hay intrusismo en el periodismo, que es una profesión que busca tanto la inmediatez que a veces se olvida de la preparación, que en el ámbito deportivo se tiende al amarillismo, y que hay una creatividad y un lenguaje más desenfadado, pero eso no lo hace menos periodismo. El periodista tiene la formación en periodismo. Evidentemente el entrevistado está más versado en su tema, pero eso no hace que el periodista, en base a su preparación, información, experiencia, capacidad analítica y de síntesis no pueda hablar sobre ese tema.

El deporte no es sólo para los expertos de alto rendimiento, es para todos, tengan más o menos conocimientos. Si el deporte engancha, es porque todos pueden comenzar a practicarlo y aprender. El que menos sabe, puede disfrutar tanto como el que más, por lo que también puede opinar, querer aprender o preguntar, y se merece ser escuchado y respetado.

Además del respeto, la clave está en la aceptación. No sólo aceptar los errores y no echar balones fuera ni buscar culpables que nos conviertan en víctimas. Además, hay que aceptar que se es un personaje público, en un cargo o profesión que tiene una exposición mediática. No se trata de atender a la prensa como si fueras al dentista, ni de estar seco y cortante para que no te quieran preguntar más y se acabe el suplicio cuanto antes. Atender a tus públicos, incluidos los periodistas, forma parte de tu trabajo.

Los detalles y la reputación

De la forma en la que haces algo pequeño, se entiende que haces el resto. Repetimos patrones, repetimos comportamientos. Por eso, si alguien no es capaz de gestionar sus emociones ni relacionarse con un público concreto, como el de los periodistas, es fácil interpretar que tampoco sabrá relacionarse con cualquier otro publico, incluido su grupo de trabajo. Esa sensación genera inseguridad, y afecta a tu reputación.

Y seguimos con los pequeños detalles. El mensaje no solo son palabras que tienen un significado, evidentemente el tono, así como la comunicación no verbal forman parte de él. Sin embargo, aunque existen estudios y análisis, no todo el mundo se comunica de forma coherente, ni interpreta los signos y tonos de la misma forma. Es algo que depende de la cultura, pero también depende de los pensamientos de uno mismo, son muy fácil de malinterpretar. Por eso, hay que evitar interpretar, repreguntar y ser literal.

Para terminar el post, te resumo cinco claves para gestionar las preguntas de los periodistas:

  • Asumir los posibles errores y resultados desfavorables.
  • Aceptar las opiniones distintas de los demás.
  • No buscar segundas intenciones, ser literal.
  • Repreguntar o pedir más información hasta que la pregunta quede clara.
  • Dar información de lo que hacemos sin sentir que nos justificamos ni excusamos.

El personal branding y la siembra

Quien me ha preguntado por mis objetivos de este 2017 ya sabrá por donde va el post, y es que he decidido que, para mí, la palabra de este año es SEMBRAR.

Cuando ejecutamos un plan de personal branding, lo que hacemos es sembrar, porque es un proceso que apuesta por el trabajar día a día para dejar huella y poder recoger los frutos en el medio y largo plazo.

Gestionando nuestra marca personal, sembramos en nosotros mismos:

Autoconocimiento. Para dejar huella fuera, hay que conocerse primero. Reconocer nuestras habilidades, nos ayuda a mejorar la autoestima y la confianza. Identificar miedos y creencias limitantes, nos permite afrontarlas. Analizándonos, descubriremos las incoherencias de nuestros actos, aceptaremos nuestros errores y trabajaremos para modificarlos.

Nuevos hábitos y habilidades. Aprender a mejorar nuestras habilidades sociales y adquirir nuevos hábitos que nos permitan administrar mejor el tiempo, encontrar el equilibrio personal-profesional, relacionarnos con asertividad… Se trata de incorporar comportamientos, y también conocimientos y habilidades, que nos ayuden a ser mejor persona y mejor profesional.

Y en los demás:

Una visión particular. Se trata de diferenciarnos, de exponer nuestra visión del mundo. Nuestro uso e interpretación de las herramientas que todos tenemos a nuestro alcance, y cómo esa forma única de verlo beneficia a los demás, es lo que realmente nos diferencia.

Un posicionamiento. Queremos que los demás nos vean, nos identifiquen de una forma determinada, y eso no se hace de la noche a la mañana. La idea es transmitir esa visión, pero además ser coherente con ella en todo lo que hagamos.

Nuevas relaciones. Ampliamos nuestro círculo y nuestra visibilidad, nos mostramos al mundo. Conectamos con personas con las que podemos tener una relación win-win, buscando siempre no sólo qué nos pueden dar, sino qué les podemos ofrecer nosotros.

El éxito es un fin, pero también es una consecuencia. Es el resultado de tomar el control y hacer todo lo que está en nuestra mano para enfocarnos en el objetivo sin olvidarnos de nosotros mismos. No vale ganar a toda costa. Queremos vender, pero el éxito está en ganar sin “venderse” a uno mismo.

Y no basta con hacerlo bien un día. Hay que trabajar para que todos los días sumen.

Lo dicho, a sembrar…

El rendimiento deportivo no es lo único

Citius, altius, fortius. Ser más rápido, más alto y más fuerte ya no es suficiente. El rendimiento deportivo no es lo único que influye a la hora de que un club contrate a un deportista, o de que un patrocinador le apoye económicamente. Aunque el rendimiento es la forma en la que solemos medir a los profesionales, a la hora de la verdad, se tienen en cuenta muchos más aspectos que pueden ser definitivos, y todos se pueden trabajar.

Hace un tiempo llegó a mis manos este post escrito por el entrenador y psicólogo Manu Santos, en el que explica las características que para él conforman el “coeficiente de entrenabilidad” de un deportista: humildad para aprender, escucha activa, asumir y aceptar los errores, autoexigencia, energía, compromiso, saber competir y liderazgo.

En este post hay aspectos que forman parte de la personalidad, pero también hay otros vinculados a la forma de relacionarse con los demás.

Dentr

o de esa personalidad, al final lo que más destacan son los valores, nuestra escala de prioridades, que rige nuestro pensamiento y actúa en la toma de decisiones. Esos valores son con los que las empresas, sean clubes, federaciones o patrocinadores, quieren que les representemos. Esos valores son los que los aficionados admiran, por lo que conectamos con la gente.

La capacidad mental, el nivel de autoconocimiento y crecimiento personal, también son importantes. Saber manejar la presión, el estrés, buena autoestima, tener seguridad en uno mismo, ser flexible y capaz de adaptarse rápidamente a nuevos entornos, tener una inteligencia emocional desarrollada, te convierte en mejor persona y mejor profesional, te ayuda a poder enfocarte en tus objetivos, pensar en soluciones y no en obstáculos, problemas o dificultades.

Las relaciones sociales son otro punto muy interesante a mirar a la hora de incorporar a un deportista. Tiene que ser capaz de relacionarse con públicos muy diversos: compañeros, entrenadores, competidores, árbitros, directivos, empresarios, periodistas… Es importante saber cuál es la necesidad que satisfacen a cada uno de ellos y qué esperan de él, para que, en la medida de lo posible, y sin que eso vaya en perjuicio propio, las satisfagan.

Para conectar con la gente, hay que tener valor para abrirse, exponerse, mostrarse tal cual eres, con tus cosas buenas y malas, demostrar que se está en continua mejora, que aprendes de tus errores, que tienes emociones, y que no eres uno más, no eres alguien correcto dentro de un perfecto molde, sino que eres una persona independiente, autónoma y distinta. No se trata de caer bien a todo el mundo, sabemos que eso es prácticamente imposible, se trata de conectar con quienes realmente quieres conectar.

La visibilidad, tener presencia, no es solo un factor más, es también una consecuencia de los dos anteriores: personalidad y relaciones. Ahora se está confundiendo con el mundo online, pero no hay que olvidarse del offline.

Hay que hacerse visibles, porque tener repercusión es la forma de que las empresas consigan recuperar la inversión que han hecho en los deportistas. Si es un club, le interesará que su deportista mantenga su valor de mercado e incluso se revalorice, y eso ira no solo en función de su rendimiento, también de su visibilidad, del valor de su imagen como marca, de cuántas camisetas podrá vender, cuantas portadas protagonizará, cuantos patrocinadores querrán asociarse a él, de cuantos aficionados se engancharán al equipo pensando que su llegada será positiva para el grupo, de cómo difundirá la imagen del club o las marcas en su país de origen. Y los patrocinadores igual, les preocupa saber a cuantas personas llegarán con su mensaje, cuantos seguidores del deportista querrán consumir los productos que él anuncie, y a qué valores se asociarán al unirse a ese deportista.

No digo que no haya que rendir deportivamente, por supuesto, eso es lo primero en la carrera de un profesional del deporte. Pero entre dos opciones que rindan similar, el valor dependerá de los otros factores, como son la personalidad, su forma de relacionarse y la visibilidad.

Las ventajas de tener un mentor

Cuando empiezas a trabajar como consultor, mentor o incluso también les pasa a los coachs, a menudo te encuentras a gente que no entiende la necesidad y las ventajas de tener a alguien que te acompañe en el proceso hacia tu objetivo. La gran mayoría piensa que puede alcanzar sus objetivos por sí mismos, que solo deben seguir al sentido común, la lógica o el instinto. Y sí, pueden, pero con ayuda tendrán una visión más amplia, un apoyo, un consejo, un ánimo extra.

 Aquí os traigo una lista de once ventajas de tener un mentor:

  1. Experiencia y formación. Aunque se puede tener una idea general y hacer algún que otro curso rápido aprovechando los recursos que nos proporciona Internet, no podemos ser expertos en todo. Uno tiene que ser bueno en lo suyo, y saber rodearse de los mejores, o de los que pretenden ser los mejores en el área que él no domina. No todos tenemos que saber de marketing y comunicación, de temas legales o fiscales, lo importante es que conozcas bien tu área de trabajo y te rodees de gente profesional, con formación y experiencia que te den confianza.
  1. Mantener el rumbo. Un mentor te ayuda a mantenerte enfocado hacia tu objetivo. Te ayuda a detectar cuando estás desviando la atención del camino o alejando de él, y te enseña a decir no a aquello que no te acerca a él. 
  1. Estrategia ordenada. Todo lleva un proceso: un análisis, unas posibles opciones, una reflexión, una elección y una comprobación. Cuando actuamos por sentido común, casi nunca seguimos ese proceso, tomamos elecciones en base a creencias, al instinto, a recomendaciones, a oportunidades espontáneas… Y esas decisiones suelen estar desordenadas, no siguen un plan, ni surgen de una profunda reflexión, sino que persiguen una idea repentina, una sugerencia de un tercero, y a veces ni siquiera tenemos identificado el objetivo real que hay detrás.
  1. Acompañamiento. La soledad del emprendedor, o más simple, de cualquier persona que asuma una responsabilidad, es dura. Tener alguien a tu lado con quien hablar, que haya pasado por lo mismo que tú, que empatice contigo, que entienda tus emociones, tus miedos o tus inquietudes resulta reconfortante. A menudo, en temas personales, podemos compartir lo que nos pasa con amigos y familiares; pero lo laboral, por lo específico y por la parte que nos frena en nuestro interior, cuesta más compartirlo.
  1. Compromiso. Últimamente me he dado cuenta de que las personas nos comprometemos más con los demás que con nosotros mismos. Supongo que debe ser porque a nosotros nos perdonamos más fácilmente de lo que creeremos que les costará perdonarnos a los demás si les fallamos. El comprometerte con un mentor a hacer una cantidad de ejercicios, herramientas o tareas, en una fecha determinada, hace que veas el plazo como algo a cumplir. Además, trabajar con un mentor te ayuda a centrarte en ti y darte cuenta de que el verdadero compromiso es contigo mismo, porque eres tú quien quiere alcanzar ese objetivo.
  1. Confrontación. Necesitamos alguien que nos cuestione, que nos ponga en duda para que tengamos que demostrar y reafirmar que la decisión que hemos tomado es la correcta.
  1. Detector de incongruencias. Éstas, a menudo, nos muestran creencias limitantes o miedos que nos impiden avanzar a nuestro objetivo. Tener alguien que escuche activamente nuestros pensamientos para detectar incongruencias, creencias limitantes, miedos o errores de cálculo nos ayudará a avanzar.
  1. Visión externa. A veces estamos tan metidos en lo que hacemos, que no vemos más allá de lo que estamos haciendo. Un mentor te amplía el campo de visión.
  1. Contactos. Es una manera de ampliar tu red de contactos profesionales. El mentor tiene también una función de conector entre aquellas personas que conoce y que podrían trabajar juntos.
  1. Seguimiento. Te ayuda en tu autoevalución del trabajo, de lo que has hecho hasta ahora y de lo que queda por hacer hasta alcanzar la meta. Te ayuda a no relajarte ni te permite buscar excusas ni justificaciones. Te da refuerzos positivos cuando superas pasos.

Ventaja Extra:

El mérito sigue siendo tuyo. Porque lo hagas solo, no tiene más valor, el logro sigue siendo igual de importante. De hecho, que te acompañen no es que te hagan el trabajo, es solo una guía, una ayuda, un consejo. El ejecutor siempre serás tú, el trabajo es tuyo y el mérito también. Desde chicos nos han inculcado ese “y lo ha hecho él solito” como si por eso fuera mejor, cuando lo importante sigue siendo el logro.

Hoy no me voy a entretener en el cierre del post, solo recordaré ese proverbio africano que dice: “Si quieres ir rápido, camina solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”.

Personal Brander del deporte

¿Y qué c…. es eso de Personal Brander del Deporte? Últimamente escucho mucho esta pregunta cuando hablo de a qué me dedico. El error es mío, me equivoqué al ser tan respetuosa con la terminología pese a saber que mis clientes podrían no entender de lo que estaba hablando. Para explicarlo, he decidido contestar a todas esas preguntas que me plantean en un post.

Un personal brander del deporte es el que gestiona la marca personal de profesionales del deporte, donde se incluye a los deportistas, entrenadores deportivos y entrenadores personales. También es aplicable otros profesionales independientes especializados en deporte: fisioterapeutas, masajistas, psicólogos, coachs… Personalmente, elegí esta especialidad, pues es donde está mi experiencia. El deporte es un sector que conozco a la perfección y del que tengo ganas de seguir descubriendo más cada día.

Gestiona la marca personal ¿y eso qué es?

La marca personal es nuestra esencia, nuestro ADN comportamental, el cómo pensamos, actuamos, nos relacionamos y comunicamos. Entendiendo cómo nos percibe el entorno, y atendiendo a nuestra identidad, nuestros objetivos, nuestras prioridades, nuestra forma de ser y pensar, diseñamos una estrategia que nos ayude a alcanzar nuestros objetivos, donde destacamos el valor que aportamos, acompañándolo de un plan de visibilidad online y offline.

Para que te hagas una idea clara. Es interpretar a la persona como si fuera una empresa. Analizar su visión, misión, objetivos, valores… Identificar sus clientes, su propuesta de valor, su mercado, su competencia… Y hacerlo visible en el mundo digital, pero también en el presencial, diseñando mensajes orientados a alinear marca personal y reputación, para convertirse en la opción preferente.

¿Como un agente deportivo?

 No. No negocio contratos, no soy intermediaria ni trabajo a comisión. Piensa que no todos los deportistas, según su disciplina deportiva o categoría, tienen agente. Y no todos los agentes pertenecen a grandes agencias que les proporcionen esta visión 360º, pues los hay quienes cumplen con la labor de intermediario, o vienen del ámbito del derecho y no tienen esa visión empresarial que necesita un deportista.

Como Personal Brander del deporte doy a deportistas, entrenadores y entrenadores personales las herramientas para que tomen el control de su negocio. Transformo a deportistas y entrenadores en profesionales del deporte, les ayudo para que puedan vivir de su actividad, y ayudo a entrenadores personales (y otros profesionales vinculados al deporte) a perfeccionar su modelo de negocio y activar su visibilidad.

¿Mentora deportiva?

 No. Yo no entro en los aspectos técnicos ni tácticos de cada disciplina deportiva. Yo me centro en trabajar en todo lo que ocurre fuera de la práctica deportiva.

El deportista está dándose cuenta de que, para alcanzar el éxito, no basta con el talento, hay que ser profesional. Y no sólo en la parcela deportiva, también fuera de ella. Y gran parte de ese éxito pasa por cuidar las relaciones con todos los públicos que influyen en su modelo de negocio: aficionados, periodistas, patrocinadores e instituciones…

¿Una asesora, como la de los políticos?

 No. Si aconsejo, pero en marketing, emprendimiento y comunicación personal. Y lo más importante es que este trabajo se hace en base a la identidad, a la esencia de cada uno, no a mentiras ni retoques. Por eso, el primer paso para gestionar la marca personal es un trabajo de autoconocimiento.

¿Eres coach deportiva?

 Aunque tengo la formación, que me sirve de mucho para trabajar con mis clientes en esa primera etapa, no ejerzo de coach. Mi preocupación es el desarrollo profesional desde el punto de vista del marketing, el emprendimiento y la comunicación.

¿Gestionas la comunicación de tus clientes? 

 Dentro del proceso de marca personal establecemos un plan de comunicación, tanto online como offline. Lo ideal es formar al cliente para que éste el control y se autogestione, y funcione, así como cualquier otro autónomo que gestiona su propia comunicación. Si se detecta una falta de recursos, formación o habilidades y se necesita externalizar la comunicación, al igual que se contratan servicios legales o fiscales, sí que le invito a que se ponga en contacto con mi grupo de trabajo compuesto por profesionales especializados en comunicación de marcas personales deportivas.

Y la pregunta más importante: ¿Por qué elegirte como Personal Brander del Deporte?

 El principal motivo es que tengo muy claros los modelos de negocio de los profesionales del deporte. Y mi ventaja para entenderlos así, es porque forma parte de mi forma de ser, ya que entre mis fortalezas destacan el análisis, la estrategia, la empatía y la comunicación; y porque conozco muy bien a sus públicos, he vivido el deporte desde todos los puntos de vista posibles: deportista, entrenadora, aficionada, periodista, y dentro de clubes deportivos trabajando en los departamentos de comunicación y marketing. Sin ser consciente, llevo potenciando marcas personales deportivas desde hace más de trece años. Ahora he aplicado esa experiencia a mi metodología para convertirlo en la mejor herramienta para activar el negocio de los profesionales del deporte.

El deportista profesional como empresa

Los Personal Branders vemos a las personas como marcas, como su propia empresa. Así, con herramientas de coaching reconocemos la identidad de la persona y fijamos su objetivo; con técnicas de emprendimiento, ventas y marketing diseñamos una estrategia; y con la ayuda de la imagen y la comunicación la hacemos visible, para que dé a conocer quién es y qué ofrece.

Cada proceso de personal branding es único, pero, además, en el caso de los deportistas hay que prestar especial atención a dos aspectos importantes: la reorientación profesional, pues la vida deportiva se ve limitada en muchos casos por la edad, y la búsqueda de patrocinadores, que les proporcione los ingresos necesarios para poder dedicarse por completo al deporte como profesión.

El producto estrella de un deportista como empresa es su rendimiento deportivo. Es lo que le hace ser quien es. Ya sé que me diréis que deportistas como Beckham han ingresado más por publicidad – otro producto en el modelo de negocio del deportista – que por jugar al fútbol, pero esa publicidad es una consecuencia de la visibilidad ganada a través de su rendimiento deportivo. Además, os recuerdo que el producto estrella debe ir relacionado con nuestro talento y fortalezas, y no todos los deportistas saben posar delante de las cámaras con naturalidad como para convertir ese en su principal producto.

Ya tenemos dos productos: Rendimiento deportivo e imagen. Podríamos añadir un tercero, que sería profesión a largo plazo, pues hay muchos deportistas que tienen otra línea de producción. Por poner algunos ejemplos, Jesús Ángel García Bragado además de correr los 50km marcha es podólogo; la piragüista Teresa Portela es fisioterapeuta, y la regatista Marina Alabau tiene una empresa que organiza actividades de playa y montaña, con escuelas y campamentos.

El deportista profesional es el que asume la responsabilidad de su marca y gestiona su empresa de manera eficaz. Su principal reto es darse cuenta de que, como cualquier autónomo o emprendedor, él mismo es a la vez el director general, el producto, y la imagen visible de su marca.

Echemos un vistazo a las áreas de su empresa, las gestione el propio deportista o los tenga externalizados:

  • Dirección General, supervisar el funcionamiento de todos los departamentos, decide el objetivo y diseña la estrategia a seguir para conseguirlo.
  • Recursos Humanos, elegir bien a su equipo de trabajo: entrenador, preparador físico, coach, fisioterapeuta/masajista, agente/representante, jefe de prensa, abogado, asesor financiero…
  • Investigación y Desarrollo.Este es el área que más le gusta al deportista, pues es como yo llamo al entrenamiento y la competición. No hay que olvidar que los ingresos de un deportista también vienen, aunque no en todos los casos, de las competiciones que ganan.

Hay veces que el deportista se centra tanto en su producto estrella, que se olvida de los otros dos que hemos citado antes, la imagen y su profesión a largo plazo. Para gestionarlos habrá que diseñar planes de marketing y de carrera incluyendo una activación de la formación continua y un plan de negocio aparte para esa nueva línea de producción.

  • Mantenimiento. El físico hay que cuidarlo, y en este caso con un buen cuerpo médico, fisios, masajistas, podólogos, osteópatas, nutricionistas, dentistas…
  • Financiero, para gestionar bien sus ingresos, destinándolos a afrontar gastos, generar ahorro y realizar inversiones, bien para capitalizarlo, o bien en la mejora de la marca a través de un plan de formación.
  • Legal,para que todos los acuerdos sean revisados correctamente.
  • Comercial, para hacer negocios B2B, bien con los clubes, o bien con empresas patrocinadoras, según el producto.
  • Marketing, para dar valor a la marca, activar correctamente los acuerdos de patrocinio, y gestionar las relaciones públicas.
  • Comunicación, dar visibilidad a su marca, comunicar sus resultados, relacionarse con los periodistas y medios.
  • Responsabilidad Social. El principal motivo debería ser su implicación con la sociedad, su entorno y causas que le preocupen, pero no vamos a negar que la responsabilidad social da buena imagen, además de beneficios fiscales.

Un proceso de personal branding ayuda al deportista a trazar la estrategia de su empresa y ponerse en acción para alcanzar el éxito.

Cómo alinear marca personal y reputación

Uno de los objetivos de la gestión de la marca personal es que la percepción que los demás tienen de nosotros se aproxime al concepto que tenemos de nosotros mismos. Es decir, que la reputación y la marca personal coincidan.

Marca personal, en mi propia definición, es nuestro ADN comportamental, como pensamos, actuamos, nos comunicamos y relacionamos. La reputación es lo que los demás dicen de ti.

¿Cómo acercamos estos puntos? Para mí, las claves están en la coherenciaautoestima, aceptación y empatía.

Coherencia

¿Hasta qué punto el concepto que tenemos de nosotros mismos es real? En nuestra cabeza existe una versión idílica de nosotros mismos, nuestra mejor versión, nuestro super yo, pero no siempre actuamos en consecuencia.

¿Estamos orgullosos de todas nuestras actuaciones? ¿Honramos nuestros valores? ¿Tomamos decisiones en base a lo que queremos o a lo que necesitamos? ¿Qué nos importa más?

Hay dos verbos con los que actúes o no, siempre das información a los demás sobre tu marca personal: comunicar y elegir. De ahí el “cuando no eliges, también estás eligiendo” o “los silencios que dicen muchas cosas”.

Hay ocasiones en las que tomamos las riendas y elegimos, decidimos, y nos comunicamos de manera fluida, pero hay otras muchas tantas que no, que dejamos que pase el tiempo hasta que se reduzcan las elecciones o pensemos que ya no es posible la otra alternativa, que dejamos la decisión en manos de otros, que preferimos callar por miedo a ser juzgados, o que tomamos decisiones con las que no estamos del todo de acuerdo y hasta nuestro cuerpo nos delata reflejando un lenguaje no verbal que no concuerda con el verbal.

Conocernos bien, identificar nuestros miedos, complejos y objetivos nos ayudará a mostrar coherencia.

La coherencia no solo nos ayuda de cara a que los demás vean que siempre actuamos en base a unos mismos criterios, valores y principios; pero también nos hace sentirnos más orgullosos de nosotros mismos y ganar autoestima.

 Autoestima

Para que los demás te quieran, primero quiérete a ti mismo. Para que los demás confíen en ti, confía en ti mismo. Para que los demás te perciban como tú quieres, se fiel a ti mismo.

La autoestima es la confianza en nuestra capacidad de pensar y tomar decisiones que nos lleven a encontrar la felicidad, es valorar lo que uno es, y reconocer lo que puede llegar a ser. Y para eso, hay que identificar nuestros conocimientos y habilidades, así como también saber reconocer nuestros logros.

Sentirnos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos, orgullosos de lo que hacemos, con lo que proyectamos, y también con lo que perciben los demás. Cuanto mejor gestionemos nuestra marca personal, nuestra autoestima se verá reforzada.

Aceptación

A menudo, la autoestima choca con la autocrítica. Parece que si nos criticamos y exigimos hacer las cosas mejor nos tenemos que querer menos porque vemos en nosotros mismos cosas que no nos gustan. Hay un punto intermedio en ese recorrido, la aceptación.

El camino entre el concepto de nosotros mismos y la percepción no se anda solo en una dirección. No solo consiste en que los demás me conozcan más, sino que auto conociéndonos y aceptándonos, descubrimos que, en algunos aspectos, la percepción de los demás es cierta y se basa en acciones concretas. No podemos ser buenos en todo -de hecho, ya hemos dicho que no siempre somos coherentes-, tenemos debilidades y hay que aceptarlas, para así poder identificarlas y controlarlas, e impedir que nos limiten.

Y dentro de la aceptación, incluyo el perdón. ¿Nos hemos perdonado por nuestros errores debilidades o nos siguen pesando en la mochila? ¿Qué vamos a hacer para que no nos lastren?

Empatía

Ya hemos puesto nuestro mundo en orden: somos coherentes, nos queremos y aceptamos, pero no es suficiente para comunicarnos y relacionarnos bien. Porque para eso, hacen falta dos personas, y no se trata de lo que yo haga o diga o de cómo lo haga o diga, se trata de cómo la persona que tengo delante lo entienda e interprete. Como dice Andrés Pérez Ortega, “la marca personal no va sobre ti, va sobre los demás”. Y para hacerlo bien, hay que conocerles.

La interpretación de los demás depende de quienes son, qué necesitan, qué les ofrecemos, qué intereses tienen, qué expectativas tienen, qué experiencias han vivido, qué tenemos en común, e incluso cómo les hacemos sentir con respecto a ellos mismos (a menudo despertamos en la gente distancia hacia aquellos comportamientos que no les gustan de ellos mismos, y admiración hacía aquellos comportamientos que tienen dentro de sí pero no son capaces de mostrar).

Conocer bien a la gente con la que nos relacionamos, empatizar con ella y tenerles en cuenta a la hora de comunicarnos y relacionarnos nos ayudará a conectar mejor, haciendo que la gente interprete nuestros actos de una manera más parecida a la que lo hacemos nosotros.

Estas cuatro claves nos ayudarán a alinear la marca personal con la reputación en el día a día, pero esto sólo es el principio, aquí falta lo principal, el objetivo, el propósito que queremos alcanzar, y la estrategia a seguir para lograr que se haga realidad.

La profesionalidad da el éxito al talento

Hace unos meses Patricia Ramírez, reconocida psicóloga deportiva, cerraba su columna en el diario Marca con esta afirmación: “Se busca un profesional. Sin talento deportivo, no hay jugador, pero sin el saber estar de un profesional tampoco te servirá mucho su talento deportivo”. No puedo estar más de acuerdo.

¿Qué es la profesionalidad?

Para mí, ser profesional es responsabilizarte de tus actos, y adquirir conocimientos y modelar hábitos para desempeñar tu labor de la mejor manera posible.

A menudo, cuando hablamos en deporte de un comportamiento profesional tendemos a pensar en una buena alimentación, acondicionamiento físico, respeto del descanso y revisiones médicas periódicas.

Sin embargo, hay cuatro aspectos más, de ámbito profesional, que podrían ayudar a un deportista a la mejora del desempeño de su trabajo:

  • Una correcta selección de personas en su entorno profesional: Entrenador personal, fisio, médico, coach, psicólogo, jefe de prensa, agente, abogado, asesor fiscal.
  • Mejora de las habilidades sociales: educativas, participativas, emocionales, gestión de las relaciones, gestión del estrés, organización temporal.
  • Gestión y mejora de habilidades comunicativas, offline y online.
  • Autoconocimiento para la identificación de talento y fortalezas.

Voy a cerrar el post centrándome en este último punto, y es que el principal error en la gestión del talento es no reconocerlo o no valorarlo en su medida y obsesionarnos con lo que nos falta. Hablando claro, erróneamente prestamos más atención a las debilidades que a las fortalezas.

Imaginaos un partido de vuestro deporte favorito. ¿Cuáles son las jugadas que más os gustan? Personalmente, las mías son cuando un deportista hace que parezca fácil lo difícil. En esos momentos siento que aprovecha su talento.

Me encanta ver competir a un deportista que sabe lo que se le da bien hacer y lo explota. Me da mucha rabia cuando veo a otro que se empeña en hacer cosas que no forman parte de su juego. Estoy de acuerdo en que siempre se puede mejorar y en tratar de ser un deportista completo, pero si quiere ganar, deberá basar su éxito en lo que se le da bien y no al revés. Es como si queremos que Nadal gane un partido gracias a sus aces, que Bolt gane la carrera saliendo el primero desde los tacos o Mireia en los virajes, cuando sus fortalezas, su talento, se explotan en otra parte de la competición.

El otro día decía que una cabeza bien amueblada y un buen entorno social son vitales para llegar al éxito, la tercera clave es la gestión profesional.

Tim Tebow Time

Os confieso que no sabía quién era Tim Tebow hasta hace unos días. Yo, que me considero una enamorada de todos los deportes, y especialmente de los de conjunto (porque de equipo creo que ya lo son todos los deportes incorporando a entrenador, coach, médico, fisio, preparador físico…), reconozco que no me he sentido atraída por el fútbol americano. Tanto espectáculo y parafernalia alrededor me cansa, aunque sí que he ido a ver a los Granada Lions. Si es de balones ovalados, me llama más la atención el fútbol australiano y, por supuesto, el rugby.

Llegué a Tim Tebow por una búsqueda en Google. Quería una foto de un deportista rodeado de medios de comunicación con la idea de transmitir claramente el mensaje de lo que yo, con mi trabajo, ofrezco: Dar visibilidad al esfuerzo.

Y me encontré con él. Y como soy una buceadora de la red, me dejé llevar y encontré su historia, la de un deportista con una marca personal muy potente. Gustará más, gustará menos, pero potente. Tim Tebow lo tiene todo desde el punto de la marca personal deportiva:

Un sueño – Tenía en su día el sueño de ser profesional del fútbol americano, ahora “solo” quiere cambiar vidas.

Valores muy marcados – De una familia de tradición religiosa, no se encuentra una salida de tono de Tebow en la red. Siempre habló de amor, fe y esperanza.

Utilizar sus fortalezas – No se le caracteriza por ser un gran quarterback, de hecho, siempre se le critica su juego de pase. Lo que deportivamente sí que todos veían en él, era a un resucitador de partidos y un gran líder motivacional, contagiaba a sus compañeros, le hacía creer.

Su valor diferencial – Su religiosidad. Es su seña de identidad respecto al resto de deportistas. Fue conocida su ruptura con una Miss Universo por querer mantenerse casto hasta el matrimonio. Y también famosa fue la final del campeonato nacional, en la que escribió sobre la pintura de debajo de los ojos la cita bíblica “John 3:16”, que fue buscada en Google por más de 92 millones de personas aquel día.

Visibilidad – Su comportamiento en el campo y fuera de él le llevo a ser visible. De hecho, en las retransmisiones se hablaba del Tim Tebow Time, como un momento del partido en el que se paraba la narración para hablar de él y de su vida. Tebow publicó un libro en 2011 “A través de mis ojos. El viaje de un quarterback” el libro deportivo y religioso más vendido del 2011.

Sponsorización – Con este éxito de visibilidad, no es difícil que las marcas se quisieran asociar con él. De hecho, su camiseta fue lo más vendido en 2010.

Historia de superación – Era el menor de cinco hermanos, y su madre, estando embarazada pilló una contagiosa enfermedad por la que los médicos le recomendaron abortar. Finalmente Tim nació sin problemas, y el haber pasado por esa experiencia le convirtió en un activista pro-vida.

Plan de Futuro – Es escritor, conferenciante, predicador -ya lo ejercía en cárceles durante su etapa profesional-, comentarista de fútbol americano, y además es copresentador un programa de construcción de casas en FOX.

Responsabilidad Social – Tiene una fundación que realiza numerosas acciones especialmente con niños enfermos, y además ha construido un hospital especializado en ortopedia en Filipinas -su país de nacimiento, pues sus padres se encontraban allí de misiones- para niños con discapacidades físicas.

Autoconocimiento – Tebow habla de lo que sabe, de su vida, de su aprendizaje. El próximo octubre publicará un nuevo libro llamado “Shaken. Descubriendo tu verdadera identidad en el medio de la tormenta de la vida”, en el que aborda como afrontó no conseguir sus metas deportivas desde la fe cristiana.

Su mensaje – Su lema de vida: El verdadero éxito no se mide con posesiones físicas, y sí en la cantidad de vidas que cambias.