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Tú reputación es tuya, estés donde estés

El otro día discutí con un amigo sobre si un referente lo es por él mismo, el puesto de trabajo que desempeña, la necesidad que satisface, el reconocimiento de sus públicos, o si lo es por la empresa en la que lo realiza. Evidentemente, una entidad reconocida, da visibilidad y prestigio, pero esto no debe restar valor a la marca personal y la profesionalidad del trabajador.

Entiendo que se dude. Durante mucho tiempo me he presentado con mi nombre añadiendo la coletilla de “la del CB Granada” o “la del Málaga CF”. No le daba valor a mi nombre, no confiaba en que los demás supieran quién es Eva Castillo, ni me sentía cómoda con el nombre de mi cargo, pues tenía muchas tareas y no hay cargo que signifique labores tan distintas. Ahora, suelo dejar un silencio tras mi nombre, para ver si la gente me recuerda, o digo directamente mi dedicación, si no me conocen. Es cuestión de creérselo, de saber que eres bueno en lo que haces, que aportas algo a los que te rodean.

A veces parece que, si no estás en esa empresa, no existes, no se te ve, o no eres bueno. Cuando existir, ser visible y ser profesional no dependen de la empresa, depende de ti. Un deportista puede ser un gran profesional, entrenarse con intensidad, tener buen rendimiento, pero no ser elegido por un seleccionador, y sin embargo en el campo ser el referente de sus compañeros.

Otras, nos empeñamos en pensar que, para lograr nuestro objetivo, tenemos que estar en esa empresa de prestigio. Como si no existiera ningún sitio más para desempeñar esa labor, para seguir aprendiendo y adquirir experiencia, como si el hacer ese mismo trabajo en otro sitio, fuera menos. Y pensando que, para avanzar, hay que utilizar el prestigio y la visibilidad de la empresa, sin pensar nuestro propio prestigio y visibilidad será un arma más potente.

La reputación de la entidad en la que trabajamos nos atrapa, nos hace pensar que hemos llegado a nuestro tope, que eso es lo mejor a lo que podíamos aspirar, y nos hace más grande la zona de confort. Si estoy en esta empresa y todo el mundo me asocia a ese nivel de prestigio… ¿cómo voy a dejarlo? ¿Cómo voy a pasar de trabajar en un sitio que para mí es 10, a otro que es 1 o 5? Si en el uno puedes aprender, desarrollar tu talento y sentirte más realizado y feliz… ya estás tardando. Es como aquel futbolista que piensa que para llegar al primer equipo tiene que estar obligatoriamente en un filial. Un paso a un lado no es desviarse, ni retrasarse, es buscar otro camino para llegar al mismo fin.

Si cuando pensamos en objetivos ponemos el nombre concreto de una empresa, creo que nos equivocamos. Es igual a cuando en el deporte pensamos en resultados. Hay que pensar en rendimiento, en trabajo, en aprendizaje. Los resultados son la consecuencia, al igual que tu profesionalidad te acabará llevando a trabajar con gente o empresas de prestigio. El futbolista que quiere jugar en el Real Madrid o el FC Barcelona y no piensa en la posibilidad de hacerlo en cualquier equipo de primer nivel, con grandes jugadores, que compita en Champions y pague bien, estará dejando de lado la posibilidad de jugar en el Paris Saint Germain, aunque en éste pueda tener más minutos, mas visibilidad y mejor reputación.

El prestigio es una percepción, y nosotros mismos lo construimos. Si tú eres un buen profesional y fichas por esa entidad, harás más grande a la entidad. Y si para ti la empresa es grande, harás que los demás la vean así de importante.

La gestión de la marca personal es una buena forma de hacer crecer el prestigio de una entidad, dando visibilidad y poniendo en valor a sus empleados. Por ejemplo, si la reputación de un jugador aumenta, te puede atraer nuevos seguidores y patrocinadores, así como el aumento de las ventas de merchandising, o la buena labor de un monitor de actividades dirigidas hace que la gente elija ese gimnasio para ejercitarse.

Independientemente de donde estés, desarrolla tu talento, cuida tu reputación y trabaja tu visibilidad, de eso depende tu prestigio.